EMBRIOLOGÍA Y ANATOMÍA DE LOS HUESOS INFANTILES


E
l desarrollo del tejido óseo se inicia durante el periodo embrionario y fetal, continuando a lo largo de la infancia, durante el desarrollo embrionario éste se origina a partir del mesodermo, el cual permite que a la 5ta  semana de gestación aparezcan los muñones de las extremidades, los cuales se forman a partir del ectodermo y de un eje central mesodérmico, con áreas de menor densidad donde se desarrollarán las articulaciones, luego en la 6ta semana de gestación se desarrolla el molde cartilaginoso. La capa más externa del mesodermo que se transformó en pericondrio en la fase cartilaginosa se convierte en periostio y producirá células osteblásticas formadoras de hueso sobre la matríz mesenquimal.



EL HUESO.

Es considerado tanto como una estructura anatómica como un órgano.









Anatomía característica de la infancia.



 Diáfisis: es la zona central y más angosta del hueso. Formada por hueso cortical rodea la cavidad medular.

 Epífisis: son los extremos articulares. Están constituidas por hueso esponjoso y no tiene cavidad medular.

 Metáfisis: es la zona intermedia entre las anteriores. Formada por hueso compacto y esponjoso, no posee cavidad medular. 


Periostio: membrana celular que recubre la superficie externa del hueso hasta la inserción de la cápsula articular.


Endostio: membrana que recubre el canal endomedular.
 
Placa epifisaria: zona cartilaginosa localizada entre la epífisis y la metáfisis. Formada por 4 capas desde la epífisis a la diáfisis: cartílago en reposo, cartílago inmaduro proliferativo, cartílago en maduración y cartílago calcificado. Es la responsable del crecimiento en longitud de la diáfisis y metáfisis.

Cartílago articular: recubre las epífisis hasta la inserción de la cápsula articular. Produce el crecimiento de la epífisis.



Benito, G. (2006). Traumatología Infantil para médicos y pediatras. Buenos Aires: Nobuko.


     



CARACTERÍSTICAS DE LOS HUESOS EN LOS NIÑOS

El hueso infantil presenta una serie de características tanto en su composición como en su fisiología, lo cual determina la morfología de las fracturas y a las reacciones  frente a estas, que son características del hueso inmaduro del niño y que lo diferencia del hueso adulto.








De acuerdo a estas características el hueso inmaduro responde a las fracturas y esta respuesta se caracteriza por: 


Rapidez de Consolidación:


La capacidad de regeneración tisular es más rápida a menor edad del individuo, esto contribuye a tener un menor tiempo de inmovilización, pero también entrega un tiempo más corto para corregir una posible mal posición de los fragmentos.


Seguridad en la Consolidación:


También es consecuencia de la alta capacidad de regeneración tisular, impidiendo el retraso en la consolidación.

Hipercrecimiento:  

Las fracturas diafisarias de los huesos largos de las extremidades inferiores y, en mucha menor medida, de las superiores experimentan frecuentemente un estímulo del crecimiento longitudinal del segmento fracturado. Este estímulo se produce habitualmente en los primeros 18-24 meses post-fractura, estabilizándose después. Aunque este estímulo se da también en fracturas tratadas conservadoramente, o incluso sin tratar, los hipercrecimientos más notables se aprecian tras tratamientos quirúrgicos de la fractura y, sobre todo los más invasivos del foco. El Hipercrecimiento suele ser simétrico, por lo que produce sólo dismetrías o compensación de acortamientos tras la fractura, pero también, en algunos casos, puede ser asimétrico produciéndose deformidades angulares.

Las fracturas pueden estimular el crecimiento longitudinal al aumentar el suministro de sangre a la metáfisis, fisis y epífisis y –al menos en base experimental– por disrupción del periostio que deja temporalmente de ejercer su freno sobre el crecimiento longitudinal de la fisis.


Remodelación:

Las fracturas infantiles experimentan un proceso de remodelación de mayor o menor importancia tras la consolidación, esto sumado a la rápida remodelación, condiciona en gran medida que en los niños se empleen tratamientos conservadores en la gran mayoría de las fracturas y tratamiento quirúrgicos en una mínima proporción.



Frenado de Crecimiento:

Las fracturas, sobre todo las fracturas fisarias (del cartílago fisiario) pueden traer como consecuencia un frenado del crecimiento. Dependiendo de la edad del individuo y de la fertilidad de la fisis lesionada, el mencionado frenado dejará secuelas más o menos notorias. Por lo tanto dependiendo de la localización de la lesión fisaria (central, global o periférica) la secuela del frenado fisario podrá ser un acortamiento, una deformidad angular o una combinación de ambas.



Julio De Pablos y Pedro González Herranz. (2001). Fracturas Infantiles Conceptos y Principios. Madrid: Global Help.
Colin Rudolph, Abraham Rudolf, Margaret Hostetter, George lister y Norman Siegel. (2003). Pediatria de Rudolph. Madrid: Mc Graw Hill.
Behrman, Kliegman y Jenson. (2001). Tratado de Pediatria De Nelson. México: Mc. Graw Hill.

FRACTURAS

Una fractura puede definirse como la interrupción de la continuidad ósea y/o cartilaginosa. Habitualmente se producen como consecuencia de un traumatismo único de intensidad superior a la que el hueso sano puede soportar.
                En los niños las fracturas son episodios habituales, aunque generalmente se resuelven en poco tiempo y sin dejar secuelas.
                Como los huesos de los niños difieren de los huesos de los adultos, las fracturas también son diferentes, teniendo éstas un tratamiento más sencillo debido a la alta capacidad de regeneración y remodelación del esqueleto en crecimiento.


CLASIFICACIÓN DE LAS FRACTURAS EN LOS NIÑOS.


Cuando se fractura el hueso infantil se puede afectar al cartílago de crecimiento, cuando esto no ocurre, debido a las características especiales que estos poseen, pueden sufrir fracturas específicas que sólo se dan en la infancia y que por lo tanto requieren maniobras de tratamiento especiales.


Fracturas Específicas y Tratamientos.

Fracturas en Rodete.

Su localización predilecta son las metáfisis o más concretamente la unión metafiso-diafisaria. Son más frecuentes a nivel del tercio distal del radio y proximal del húmero con menor frecuencia.
Su mecanismo de producción es una compresión axial sobre el hueso ante una caída, por ejemplo sobre la palma de la mano en el caso de la extremidad distal del radio. Fracasa el hueso en la unión del tejido esponjoso con el cortical que es mecánicamente más débil.
La clínica únicamente ocasionará dolor, impotencia funcional y signos locales ligeros sobre la región metafisaria afecta. No existirá deformidad ostensible puesto que no hay desplazamiento entre los fragmentos. La exploración radiográfica mostrará la típica deformidad en la cortical en forma de rodete.
El tratamiento es muy simple y únicamente requiere inmovilización del miembro afecto durante 2 a 3 semanas puesto que al no existir desplazamiento tampoco requieren reducción.



Fracturas en Tallo Verde.

Su localización son siempre huesos diafisarios finos y con corticales delgadas, tales como son el radio, cúbito y clavícula. En esta última localización puede observarse como lesión obstétrica.
                El mecanismo de producción es por inflexión, fracturándose de este modo la cortical comenzando por el lado convexo y agotándose la energía traumática al llegar al lado cóncavo, pero siendo suficiente para ocasionar una deformidad plástica que es la que mantiene la deformidad angular entre los fragmentos, es decir, que la fractura se produce sólo en el lado de la convexidad, mientras que el lado opuesto permanece en continuidad.
                El aspecto clínico del miembro fracturado es el de una deformidad grotesca e intensa del miembro, haciendo fácil el diagnóstico puesto que tiene una deformidad llamativa. La exploración radiográfica mostrará la fractura incompleta y la gran angulación de los fragmentos. Cuando se localiza en el antebrazo es frecuente observar esta deformidad en uno de ellos mientras el otro presenta una fractura completa.
                El tratamiento consistirá en la reducción del desplazamiento entre los fragmentos. Para ello deberá convertirse la fractura en completa, fracturando la cortical que ha quedado íntegra. Esto se consigue acentuando la incurvación o invirtiéndola de forma suave hasta notar un crujido que indica la fractura de la cortical. Posteriormente se inmoviliza la extremidad en un vendaje enyesado durante un período de 4 a 6 semanas.



Incurvación Plástica.

Su localización típica son huesos diafisarios finos con corticales delgadas como son el radio, cúbito y peroné.
Su mecanismo es por inflexión creando una deformidad elástica primero y luego plástica sin llegar a producirse trazo de fractura macroscópico, puesto que se trata en realidad de un deslizamiento a nivel osteonal. El mecanismo productor suele ser directo sobre el hueso afectado en el caso del peroné o bien indirecto por una caída sobre la palma de la mano en el antebrazo. En ambos casos actúa con baja energía traumática y obrando de forma lenta. Con frecuencia puede observarse la fractura completa del hueso paralelo (incurvación del peroné y fractura de la tibia, incurvación del cúbito y fractura del radio).
La clínica se caracteriza por presentar escaso dolor e impotencia funcional si no existe fractura asociada, deformidad del miembro por la incurvación del hueso afecto. La exploración radiográfica mostrará la incurvación no anatómica del hueso afecto; en caso de duda debe hacerse radiografía comparativa del lado no lesionado.
El tratamiento dependerá de la intensidad de la deformidad. Cuando es una deformidad cosméticamente inaceptable, será necesaria la reducción y se obtiene invirtiendo la angulación del hueso afecto presionando durante unos cinco a diez minutos desde sus extremos sobre un fulcro colocado en el punto de máxima angulación.



Fracturas Ocultas.

Son frecuentes en la edad infantil y se definen como aquellas que no son visibles con la radiología convencional, hecho que se debe generalmente al nulo o mínimo desplazamiento de los fragmentos y/o naturaleza cartilaginosa de uno o los dos fragmentos fracturados.
                 Las epífisis, precisamente por estar formadas en un alto porcentaje por cartílago (mayor cuanto menor es la edad del niño) son el asiento de la mayoría de estas fracturas (codo, rodilla y cadera sobre todo).

Fracturas que Afectan la Fisis.

Epifisiólisis Traumáticas.

Estas lesiones representan aproximadamente el 15 % de todas las fracturas que ocurren en los huesos largos durante toda la infancia. Corresponden a fracturas cuyo trazo cursa en parte, a través de la fisis o cartílago de crecimiento, pudiendo o no desplazarse la epífisis con respecto a la metáfisis. Además de presentar sintomatología en el momento de la lesión, su principal importancia reside en la potencial aparición de epifisiodesis, es decir, lesiones definitivas de toda o parte del cartílago de crecimiento, generalmente por formación de un puente óseo, con detención del crecimiento longitudinal del hueso o desviación angular del mismo.
                Según la Clasificación de Salter y Harris, basada en el mecanismo de la lesión y la relación entre el trazo de fractura con las células en crecimiento de la placa epifisaria,   podemos distinguir cinco tipos de epifisiólisis.

Tipo I: Se trata de un trazo de fractura que recorre toda la estructura del cartílago fisario. Provoca la separación de epífisis y metáfisis. Normalmente suele estar conservado el periostio y los desplazamientos suelen ser escasos. Puede darse como lesión obstétrica o asociarse a enfermedades o trastornos metabólicos óseos (raquitismo, alteraciones endocrinas). El pronóstico es favorable, siendo rara la alteración de la función de la fisis.




Tipo II: Se trata de un trazo que tras recorrer un tramo de la fisis posteriormente se angula y acaba fracturando un tramo de la metáfisis. Luego el trazo de fractura será fisis-metáfisis. Sería una fractura fisaria con un fragmento metafisario de tamaño variable y que radiológicamente se conoce como  “Signo de Thurston-Holland”. Es el tipo más frecuente de los cinco. Esta lesión se suele producir en niños mayores de 10 años y adolescentes, su localización más frecuente es en el tobillo y el pronóstico es favorable aunque en ocasiones si el traumatismo es violento puede dañarse la fisis.


Tipo III: Se trata de un trazo que en parte recorre la fisis y posteriormente se dirige hacia la epífisis hasta completar un trazo intraarticular. El trazo descrito convertiría la lesión fisaria en un fragmento epifisario. El trazo sería por tanto fisis- epífisis. Es poco frecuente y se produce con mayor frecuencia en la adolescencia. Las localizaciones típicas son la extremidad distal de tibia y algo menos en la del fémur. El pronóstico es favorable con respecto a la viabilidad fisaria al quedar escaso crecimiento restante, pero es incierto para la función articular, pudiendo provocar si la reducción no es anatómica, problemas de artrosis precoz.


Tipo IV: Se trata de un trazo que desde la epífisis cruzaría el cartílago de crecimiento
y continuaría fracturando la metáfisis. Sería pues un trazo epífisis-fisis–metáfisis. Ocasionaría una fractura en dos fragmentos que contendrían cada uno de ellos una porción de la fisis. Se localiza frecuentemente en la extremidad inferior del húmero Ocupan el segundo lugar en frecuencia tras las del tipo II. El pronóstico es favorable aunque existe la posibilidad de hacerse puentes óseos de fusión en la zona fracturada fisaria y también ocasionar artritis postraumática en la articulación.



Tipo V: Es una lesión rara. Se diagnostica tardíamente. Algunos autores niegan la existencia puesto que se trataría de aplastamientos fisarios por compresión. Se localiza en articulaciones que se mueven en un solo plano tales como rodilla y tobillo y que además son susceptibles de sufrir ante una caída, fuerzas de compresión pura. El desplazamiento epifisario en estas circunstancias es infrecuente y las radiografías iniciales ofrecen poca información acerca de la grave naturaleza de la lesión, incluso, puede ser diagnosticada como un simple esguince. Ante la sospecha de aplastamiento de la placa epifisaria se debe mantener en descarga la extremidad 3 semanas con la esperanza de prevenir el casi inevitable cierre precoz del crecimiento. El pronóstico de esta lesión es decididamente malo.



Behrman, Kliegman y Jenson. (2001). Tratado de Pediatria De Nelson. México: Mc. Graw Hill.
Benito, G. (2006). Traumatología Infantil para médicos y pediatras. Buenos Aires: Nobuko.
Colin Rudolph, Abraham Rudolf, Margaret Hostetter, George lister y Norman Siegel. (2003). Pediatria de Rudolph. Madrid: Mc Graw Hill.
Julio De Pablos y Pedro González Herranz. (2001). Fracturas Infantiles Conceptos y Principios. Madrid: Global Help.








SINTOMATOLOGÍA Y DIAGNÓSTICO

Los síntomas y signos que directa o indirectamente sugieren la existencia de una fractura son siete:



Mientras algunas fracturas presentan sólo algunos de ellos, otras se manifiestan con toda la sintomatología completa, sin embargo de todos los síntomas antes mencionados solamente dos son patognomónicos: crépito óseo y movilidad anormal del segmento comprometido.



En la mayoría de los casos, la anamnesis y el buen examen físico permiten sospechar fundadamente el diagnóstico; el examen radiográfico no hace otra cosa que confirmarlo. Sin embargo, la exigencia de realizar un correcto estudio radiográfico es absoluta, esto debido ha:

1.  Confirma la existencia de la fractura.
2.  Informa de las características anatómicas de la fractura, que no siempre pueden ser determinadas por el examen clínico: posición de los fragmentos, número y orientación de los rasgos de fractura, angulación, acabalgamiento, rotación, etc., son datos semiológicos que la radiografía informa con exactitud.
3.  En lesiones en que el diagnóstico es evidente, la radiografía puede demostrar otras lesiones no detectadas.
4.  Hay un aspecto médico-legal involucrado. Puede resultar muy difícil para el médico justificar la omisión de un estudio radiográfico cuando se ignoró la existencia de una fractura, que llevó a un diagnóstico y a un tratamiento equívoco.


Juan Fortune Haverbeck, Jaime Paulos Arenas y Carlos Liendo Palma. (2005). Manual de Ortopedia y Traumatología. Santiago: Escuela de Medicina UC.

TRATAMIENTOS

1.- Tratamiento Cerrado.


Es el método de elección debido a las características propias del hueso infantil; capacidad proliferativa osteogénica del periostio, riqueza vascular y tolerancia a los métodos de inmovilización.

a) Maniobras de reducción: para obtener una correcta reducción es aconsejable la anestesia general o sedación del menor. Esta técnica consiste en invertir el mecanismo traumático que origino la fractura y llevar el fragmento distal a la posición en que se encuentra el proximal. No se deben repetir excesivamente las maniobras de reducción ni hacer estas maniobras muy forzadas para conseguir la misma.



         b) Inmovilización: esta se puede conseguir en base a dos métodos:


Vendaje enyesado: es la forma más común y puede utilizarse como inmovilización primaria en fracturas recientes. Consiste en un vendaje algodonado compresivo con férulas del yeso o bien yesos almohadillados circulares completos,  a los 7 u 8 días cuando desaparecen la tumefacción y los signos inflamatorios en el foco de la fractura, se debe colocar el vendaje de yeso secundario o definitivo, el cual consiste en un yeso circular completo, mínimo almohadillamiento con algodón y buen modelado del mismo.


Tracción Longitudinal: puede utilizarse en forma percutánea o transesquelética, sus indicaciones son escasas y casi exclusivas de las fracturas de miembros inferiores.




2.- Tratamiento Abierto.


Sus indicaciones absolutas son aquellas fracturas que requieren una reducción anatómica; fracturas articulares y epifisiólisis, fracturas asociadas a otras lesiones; cráneo-encefálicas, abdominales, vasculares y en algunos casos en los que las ventajas de este tratamiento supera al tratamiento cerrado; fracturas diafisarias en niños mayores de 6 años.

La osteosíntesis consiste en el tratamiento quirúrgico de las fracturas, en el que éstas son reducidas y fijadas en forma estable, se puede realizar ór medio de 2 métodos:

a)     Osteosíntesis Interna: se pueden utilizar distintos tipos de dispositivo, según las características del trazo de la fractura, nivel de la misma y edad del paciente. Esta se realiza con abordajes mínimo, a distancia del foco de la fractura y bajo control de rayos X.

Placas Atornilladas

Aguja de Kirshner





Tornillos

b)     Osteosíntesis Externas: las que fijan los fragmentos de la fractura una vez que han sido reducidas, mediante dispositivos externos que utilizan clavos perforantes o transfixiantes unidos a dichos dispositivos (fijadores externos. Sus indicaciones son: fracturas abiertas con grave lesión de partes blandas, fracturas con pérdida de masa ósea, polifracturados y fracturas asociadas a TEC graves.



J. Gascó Gómez de Membrillera, J. Gascó Adrien y A. Barra Pla. (2002). Conceptos básicos en Traumatología infantil.Epidemiogía. Tratamiento de las fracturas. Tratamiento abierto de las fracturas. Remodelamiento de las fracturas mal consolidadas. Valencia.

Benito, G. (2006). Traumatología Infantil para médicos y pediatras. Buenos Aires: Nobuko.

CUIDADOS DE ENFERMERÍA

Todos estos cuidados se tienen que realizar en colaboración con los padres de los menores para obtener mejores resultados en la correcta recuperación. 

Luxación:

  • Elevar la extremidad afectada para disminuir el edema.
  • Observar e Informar el estado de la articulación afectada luego de la reducción.
  • Mantener inmovilizada la extremidad tras la reducción por que la manipulación aumenta la tumefacción.
  • Administrar analgésicos según prescripción médica.
  • Controlar pulso periférico en la extremidad.
  • Buscar signos de cianosis o parestesia en la extremidad.
  • Cuidados de la férula, yeso o vendaje luego de la reducción.
  • Recomendar los cuidados para evitar la recidiva de la luxación.

Esguice:

  • Aplicación de frío para aliviar el dolor y favorecer la vasoconstricción, lo que permite disminuir la extravasación de sangre y la aparición del edema.
  • La inmovilización de un esguince puede realizarse con:
  • Aparatos enyesados. Luego de un periodo de 20 a 30 días para un esguince simple, cumplido este tiempo, se retira el yeso y se utiliza venda elástica.
  • Medios elásticos:
    • Tobillera elástica que no debe ser demasiado ajustada, porque determinaría edemas del antepié y dolores. se la debe alternar con periodos de reposo con elevación del pie, complementado con inmersiones en agua moderadamente caliente con sal (salmuera).
    • Venda elástica: se aplica en forma ascendente, dejando los dedos libres, se la despliega con una tensión moderada (no debe quedar ajustada ni suelta), incluyendo hasta la cabeza del peroné. Cada 3 horas se la extrae, se deja descansar media hora y se la coloca nuevamente. Suele ser poco efectiva si el material no es de calidad.
  • Administrar analgésicos y otros medicamentos, según prescripción médica.
  • Informar al médico el estado de la lesión.
  • Controlar pulso periférico en la extremidad, para prevenir complicaciones vasculares.
  • Buscar signos de cianosis.
  • Preguntarle al paciente si presenta parestesia en la extremidad, lo que nos estaría indicando si el dispositivo esta muy compresivo.
  • Enseñarle al paciente la colocación y cuidados del vendaje elástico.
  • Luego de 24 – 48 horas del traumatismo aplicar calor para mejorar la circulación.
  • Aumento progresivo de ejercicios activos una vez retirado el aparato enyesado y según indicación.
  • En esguinces graves se precisa cirugía y tratamiento con aparato enyesado.

Cuidados de enfermería en vendajes en general.



  • No realizar vendajes apretados o demasiados compresivos.
  • Controlar el vendaje en forma regular para observar si no se desplazo.
  • Controlar la coloración de la extremidad vendada a fin de detectar signos de isquemia (palidez- cianosis).
  • Realizar los vendajes de forma oblicua o en espiga.
  • La compresión que debe ejercer la venda debe ser ligera de manera de no afectar la circulación.
  • No dejar ventanas o espacios sin vendar.
  • Para realizar el vendaje retirar anillos, pulseras, u otro elemento similar del segmento corporal donde se vendara, quitar el esmalte de uñas.
  • Colocar el segmento a inmovilizar en la posición correcta según su afección y aplicar el vendaje.
  • Realizar los vendajes en sentido ascendente (de caudal a cefálico) para evitar edemas y estasis venoso.
  • No inmovilizar la articulación en hiperextensión, ya que traerá problemas en la movilidad articular. Se debe inmovilizar respetando la posición funcional.
  • Proteger las prominencias óseas para evitar presiones sobre estos puntos.
  • Evitar arrugas y giros de vendas que puedan lesionar los tejidos.

Cuidados de pacientes con yesos.

Valoración: Los traumatismos u operaciones que afectan a una extremidad producen edema que provocan insuficiencia vascular y compresión de los nervios. El aparato enyesado puede provocar fenómenos compresivos particularmente en áreas de prominencias óseas que originan isquemias localizadas, necrosis tisular, aparición de úlceras por decúbitos y disminución de la motricidad y de la sensibilidad. (paresias y parestesias).



Debe vigilarse la aparición de signos y síntomas como: edemas, dolor generalizado o local en aumento. Se observará la coloración de la piel y su temperatura: Los dedos deben tener color rosado y sentirse cálidos al tacto. La coloración cianótica indica trastornos venosos y al tiempo que la palidez y frialdad de los dedos apunta a obstrucción arterial. La temperatura de la extremidad lesionada debe compararse con el miembro sano, lo que también es válido para los pulsos. Además de los fenómenos vasculares, puede haber compresión de un nervio periférico superficial contra el hueso subyacente que provoca trastornos de la de la sensibilidad y de la motilidad como y parestesias y paresias El estado neurológico se evalúa preguntando al paciente sobre las sensaciones en los dedos y la capacidad para moverlos. Estos signos y síntomas se observan en las partes distales del miembro no recubierto por el vendaje.


Fijación interna: 

Preoperatorio inmediato.


En el preoperatorio inmediato se prestara importancia a los controles vitales, balance hidroelectrolitico, profilaxis de trombosis venosa profunda, con heparina de bajo peso molecular o vendaje elástico (la heparina debe suspenderse su administración 12 hs. Antes y 12 horas posteriores a la cirugía, para disminuir la incidencia de sangrado postoperatorio). La preparación de la piel es importante ya que disminuye la carga bacteriana reduciendo de este modo las infecciones quirúrgicas, esto se realiza con una higiene corporal y del sitio donde se realizara la cirugía, utilizando antisépticos como la yodo povidona al 5 %, clorexidina jabonosa entre otros, el día de la cirugía se bañara por completo al paciente en dos oportunidades la primera 8 hs. antes y la segunda 1 h. antes de la cirugía. La dieta en el preoperatorio será liquida las 12 hs. previas a la cirugía y dieta “cero” las 6 horas restantes a fin de evitar bronco aspiraciones entre otras complicaciones. La limpieza mecánica del colon, mediante la utilización de enema de limpieza o especial si se requiere, el día anterior a la cirugía (si se realiza previo a la cirugía se corre el riesgo de que el paciente presente una relajación de esfínter y evacue durante la cirugía o en el postoperatorio inmediato y contamine la herida quirúrgica). Se le explicara al paciente y a la familia en que consiste la operación que se le va a efectuar, el tiempo aproximado de duración de la misma, la posibilidad de colocación en el sitio quirúrgico de un drenaje (hemosuctor) y la función del mismo. Evaluar el dolor que presenta el paciente en la región lesionada. Enviar a quirófano todos los elementos descartables solicitados por el cirujano. Controlar parámetros vitales y precauciones generales para un paciente que va a cirugía.



Cuidados postoperatorios inmediatos.

  • Para reducir el edema mantenga la extremidad operada elevada para favorecer el retorno venoso.
  • Observe el color y la temperatura de la piel de la extremidad. La palidez, cianosis y frialdad son indicios de disminución circulatoria y deben comunicarse rápidamente.
  • La presencia de olor fétido esta indicando una infección por debajo del yeso.
  • Si el paciente presenta parestesia (sensación subjetiva experimentada como entumecimiento, hormigueo o cesación de pinchazo) indica compromiso nervioso por presión. se debe informar al medico y si es muy intenso se debe abrir los extremos del yeso para disminuir la compresión.
  • Observe la presencia de manchas (sangre, secreciones) en el aparato enyesado, marque la zona (con una lapicera se marca el contorno de la mancha) y controlar si progresa la mancha.
  • En el lugar de la cirugía se realiza una “ventana” en el yeso, una vez que el mismo este fraguado, y con ello tener acceso a dicha zona.
  • Controlar el debito que se obtenga en el hemosuctor y mantenerlo siempre colapsado para que funcione adecuadamente.
  • Controlar la inserción y que el hemosuctor no se desplace, observar si no presenta perdida peri drenaje.
  • Administrar la medicación según indicación medica.


Cuidados del tutor externo.


La enfermera debe estar alerta de problemas potenciales debido a la presión por el mismo sobre la piel, en nervios y vasos sanguíneos y prevenir la lesión inducida por el aparato al cubrir cualquier punto agudo del fijador o tornillos.
Administrar medicación analgésica según indicaciones (generalmente sólo necesitara medicación vía oral ya que el tutor externo estabiliza la fractura con seguridad). Al curar los clavos observe las características de la piel alrededor de estos en busca de tumefacción, enrojecimiento, dolor, presencia de secreciones que nos indique una infección en este sitio.
Cure los clavos siguiendo un sentido de proximal a distal. Primero de un lado de la pierna y luego del otro. Cuando haya completado el cuidado de los clavos limpie la estructura externa del fijador con un apósito estéril con agua estéril. Cubrir la punta de los clavos con tapones para evitar lesiones con los mismos. Los fijadores facilitan la comodidad del paciente, movilidad temprana, ejercicio activo para las articulaciones adyacentes no afectadas y poco tiempo de hospitalización. Además, se reducen al mínimo las complicaciones relacionadas la inmovilidad.
El paciente puede asustarse por la forma y tamaño del tutor, hay que explicarle que solo es temporal (aunque es posible que se extienda hasta un año) Se le debe explicar cual es el propósito de este aparato, que es la de estabilizar en forma segura la fractura que sufrió y que sentirá menos molestias que otro dispositivo de inmovilización. Indique que avise cuando note parálisis, hormigueos, calambres, cambios de color en la piel o pérdida de movilidad de los dedos. El paciente debe realizar ejercicios de fortalecimiento muscular y mejorar el grado de movilidad de las articulaciones adyacentes a la lesión, también para la pierna sana. Explicar que el contacto de las partes blandas con el clavo produce una secreción serosa clara, incolora e inodora que se seca formando costras alrededor de los clavos. Esta secreción se intensificara al aumentar la movilidad. Recomiende que no toque ni mueva las tuercas ni los tornillos ya que solo el traumatólogo puede ajustar la fijación según necesidad. Explique que si el clavo se afloja altera la alineación y la inmovilización del hueso.



Chemes de Fuentes, C., & Solórzano, L. (2011). Cátedra Enfermería Quirúrgica. Lesiones Traumatológicas. Recuperado el 21 de Octubre de 2012, de http://www.fm.unt.edu.ar/carreras/webenfermeria/documentos/Quirurgica_Modulo_05_lesiones_traumatolgocias.pdf